De General a Pastor: Cómo Dios Transforma tu Corazón en el Desierto

 De general a pastor: cómo Dios transforma el corazón

Cómo Dios transforma el corazón de una persona

Un hermoso ejemplo de cómo Dios puede transformar el corazón de una persona lo encontramos en Moisés.

La Biblia dice de él: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” (Números 12:3).

Pero cuando conocemos su historia, entendemos que esa mansedumbre no apareció de un día para otro.

Moisés había crecido en el palacio de Egipto. Algunas tradiciones judías posteriores incluso cuentan que llegó a ser un gran líder militar y que participó en campañas de guerra. Sin embargo, cuando intentamos seguir únicamente el relato bíblico, encontramos algo todavía más poderoso: después de matar a un egipcio, Moisés tuvo que huir de Egipto y terminó viviendo en Madián.

Allí ocurrió una transformación profunda.

El hombre que había vivido en el palacio terminó cuidando ovejas. El hombre que había conocido el poder de Egipto aprendió a vivir en el desierto. El hombre que había actuado impulsivamente tuvo que aprender a esperar en Dios.

Pasaron cuarenta años.

Y durante ese tiempo, Dios estaba tratando con su corazón.

A los ojos humanos, quizás Moisés parecía haber retrocedido: de vivir en Egipto a vivir como pastor en el desierto. Pero, en realidad, Dios estaba preparando al hombre que utilizaría para liberar a Israel.

Dios no solamente quería sacar a Israel de Egipto; primero tenía que sacar Egipto del corazón de Moisés.

El Moisés de cuarenta años quiso resolver las cosas con sus propias manos. El Moisés de ochenta años, cuando Dios lo llamó desde la zarza ardiente, ya no confiaba en sí mismo de la misma manera. Incluso respondió: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón?” (Éxodo 3:11).

Eso es lo que hace Dios muchas veces con nosotros.

Dios transforma nuestro carácter antes de confiar en nosotros determinadas responsabilidades.

A veces pensamos que estamos perdiendo tiempo, que estamos en un desierto, que hemos pasado de una posición de influencia a una etapa de anonimato. Pero quizá ese desierto sea precisamente el lugar donde Dios está formando nuestro corazón.

Moisés pasó de ser un hombre criado en el palacio a ser pastor de ovejas; y después, por el poder de Dios, llegó a convertirse en el libertador y guía del pueblo de Israel.

El desierto no fue el final de Moisés. Fue la escuela donde Dios preparó su corazón.

Porque Dios no solamente está interesado en lo que podemos hacer para Él. También está interesado en quiénes llegamos a ser mientras Él nos prepara.

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