EL CREYENTE NO SE JUBILA
EL CREYENTE NO SE JUBILA
Es sabido por todos que, cuando las personas llegan a cierta edad, se jubilan y ya no ejercen su oficio; pasan a ser pensionistas
Pero en el plano espiritual no ocurre lo mismo. Vemos en el Antiguo Testamento, por ejemplo, cómo el levita pasaba por diferentes etapas en su vida de dedicación a Dios. Los levitas, la tribu encargada del servicio del tabernáculo y más tarde del templo, tenían un ciclo de vida laboral muy estructurado:
Periodo de formación (25 años): En Números 8:24 se establece la edad de inicio para el aprendizaje y el servicio preparatorio: "Los levitas de veinticinco años para arriba entrarán a ejercer su ministerio en el servicio del tabernáculo de reunión".
Servicio pleno (30 años): Se consideraba que la madurez total para las tareas más pesadas, como el transporte del mobiliario sagrado, se alcanzaba a los 30 años. Esto lo vemos en Números 4:3: "De edad de treinta años arriba hasta los cincuenta años, todos los que entran en compañía para servir en el tabernáculo de reunión".
Jubilación y labores menores (50 años): Durante la existencia del tabernáculo, esto se producía para protegerlos del desgaste físico, aunque no se apartaban del todo. Según Números 8:25-26: "Pero desde los cincuenta años cesarán de ejercer su ministerio, y nunca más lo ejercerán. Servirán con sus hermanos en el tabernáculo de reunión, para hacer la guardia, pero no servirán en el ministerio".
Hay quienes piensan que Cristo comenzó su ministerio a los 30 años debido a que a esa edad se alcanzaba la madurez espiritual; este era un concepto o patrón cultural muy arraigado en la cultura judía.
Personalmente, creo que en la vida espiritual el concepto de "jubilación" no tiene cabida, sino que tan solo vamos cambiando de funciones conforme a las fuerzas que vamos teniendo; se trata de una adaptación conforme vamos cumpliendo años. Me viene a la memoria Moisés, que comenzó su misión principal a los 80 años, o Caleb, que a los 85 años quería conquistar un monte (Josué 14:10-12).
Mientras tengamos vida podremos realizar tareas, aunque sean de menor calado que las que realizamos en primera línea; para Dios, ambas tienen la misma importancia. ¿O no son importantes las oraciones que hacen los hermanos de mayor edad? A veces, una oración de intercesión o un consejo sabio de alguien mayor sostiene más a la iglesia que el trabajo físico de los jóvenes. Hay una frase que me encanta: "La fidelidad en lo pequeño es lo que construye lo eterno".
Por último, es interesante notar que, cuando el rey David preparó todo para la construcción del templo (1 Crónicas 23:24-27), redujo la edad de inicio a los 20 años. Como ya no habría que cargar el tabernáculo de un lugar a otro, se necesitaba más personal para las diversas funciones del templo (música, porteros, tesoreros), pero la transición hacia tareas más ligeras al envejecer se mantuvo como principio de respeto a su veteranía.
En el mundo uno se jubila… en el Reino de Dios, no.
ResponderEliminarMientras hay vida, hay propósito.
Mientras hay aliento, hay servicio.
Quizás ya no hacemos lo mismo que antes, pero seguimos siendo necesarios. Porque para Dios, una oración a tiempo puede valer más que mil fuerzas.
La pregunta es clara: ¿seguimos disponibles… o ya nos hemos “retirado” por dentro?