Cristo nació en un establo: el contraste entre el Evangelio y el lujo de algunos pastores

 El contraste entre Cristo y el mercadeo de la fe



El otro día, haciendo un recorrido por YouTube, vi un vídeo sobre pastores evangélicos que habían llegado a ser millonarios mercadeando con el Evangelio. No pude evitar pensar en el contraste con Cristo: Jesús pidió prestado el pollino para entrar en Jerusalén. Qué lejos están algunos supuestos creyentes del ejemplo de Cristo.

La imagen que señalas tiene una contradicción muy fuerte dentro del propio mensaje evangélico. Los Evangelios presentan a Jesús entrando en Jerusalén sobre un pollino, en una escena deliberadamente humilde, y además advierten repetidamente sobre el peligro de convertir la fe y el servicio religioso en un medio de enriquecimiento.

La crítica no tiene por qué dirigirse contra quien simplemente tiene bienes materiales, sino contra mercadear con la fe, utilizar el nombre de Cristo como producto y hacer del enriquecimiento personal el centro del ministerio. Ahí el contraste con el Jesús de los Evangelios resulta difícil de ignorar.

De hecho, la frase que quizá mejor resume esa tensión es la de Mateo 10:8: «De gracia recibisteis, dad de gracia». Y en Marcos 10:45, Jesús define su propia misión diciendo que vino «a servir, y a dar su vida», no a ser servido.

Ellos viviendo en mansiones con todo el lujo conocido y Cristo naciendo en un establo. Ese contraste es difícil de pasar por alto si se toma en serio el retrato de Jesús que ofrecen los Evangelios.

Cristo nace en condiciones de extrema humildad, vive como un hombre itinerante y, según sus propias palabras, «el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza» (Mateo 8:20). En su entrada en Jerusalén utiliza un pollino, y cuando habla del servicio a Dios insiste una y otra vez en desprenderse del afán por las riquezas.

Por eso la cuestión no es simplemente que un pastor tenga una casa grande o dinero. La contradicción aparece cuando la riqueza desmedida se presenta como fruto, prueba o recompensa de predicar a Cristo, especialmente cuando procede de convertir la fe de otras personas en un negocio.

Y hay una ironía particularmente fuerte: el Evangelio que predican tiene como protagonista a alguien que nació en un establo y terminó siendo ejecutado en una cruz, mientras algunos de sus supuestos representantes construyen imperios personales en su nombre.

Eso no significa que toda persona rica sea hipócrita ni que la pobreza sea automáticamente virtud. Pero sí plantea una pregunta muy seria: ¿están siguiendo el ejemplo de Cristo o utilizando a Cristo para seguir sus propios intereses?

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