Cristo, la esperanza que nunca se pierde | Reflexión cristiana de fe y esperanza

 

Hay un dicho que afirma que la esperanza es lo último que se pierde. Cuando atravesamos situaciones difíciles y dolorosas, solemos aferrarnos incluso a la más pequeña posibilidad de que las cosas cambien. A veces, como dice el refrán, nos agarramos a un clavo ardiendo porque representa nuestra última esperanza.

Algo semejante ocurría cuando Jesucristo pasaba por los pueblos y ciudades. A Él acudían los enfermos, los rechazados, los pobres, los pecadores y todos aquellos que la sociedad había dado por perdidos. En Jesús encontraban una oportunidad para cambiar la realidad que les había tocado vivir. Él no los miraba con desprecio, sino con compasión; no veía personas desahuciadas, sino vidas con valor, dignas de ser restauradas.

Hoy sigue siendo igual. Cuando las fuerzas se agotan y parece que ya no queda salida, Cristo continúa siendo la esperanza que no defrauda. Él puede transformar el corazón, dar paz en medio de la tormenta y abrir caminos donde humanamente parece imposible.

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