No os afanéis por vuestra vida: cómo vencer la ansiedad y confiar en Dios | Mateo 6:25-34
NO OS ANGUSTIÉIS NI ESTÉIS AFANADOS
Reflexión basada en Mateo 24:6-8 y Mateo 6:25-34
Vivimos tiempos en los que el temor se ha convertido en parte de la vida
diaria. Abrimos el teléfono, encendemos la televisión, escuchamos la
radio o leemos la prensa, y nos encontramos constantemente con
noticias de guerras, terremotos, hambre, epidemias, violencia y
desesperanza en distintas partes del mundo.
Ante esta realidad, es fácil sentirse inquieto, preocupado o incluso
abrumado por todo lo que sucede a nuestro alrededor.
INTRODUCCIÓN
Vivimos tiempos donde el temor se ha convertido en parte de la vida diaria.
Abrimos el teléfono, la tele la radio o la prensa, y vemos o escuchamos o
leemos de: guerras, terremotos, hambre, epidemias, violencia y desesperanza
en todas partes del mundo. Muchos piensan: “Ahora sí estamos viviendo el
fin”.
Pero si observamos la historia, es innegable que veremos que casi todas las
generaciones han pensado lo mismo. Hubo guerras devastadoras, hambrunas
terribles, pestes que acabaron con millones y catástrofes que marcaron
generaciones enteras.
La diferencia hoy no es solamente el sufrimiento humano; la diferencia es
que vivimos hiperconectados. Ahora vemos el dolor del mundo en tiempo
real. Y eso aumenta la ansiedad, el miedo y la sensación de caos
permanente.
Sin embargo, Jesús ya habló de todo esto.
Si bien es cierto que en Mateo 24 dijo:
“Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis…”
Jesús nunca negó que estas cosas sucederían. Pero sí dejó una orden clara:
“No os turbéis.”
II. LA ORDEN DE CRISTO: “NO OS TURBÉIS”
Mateo 6: 25-34: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué
habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis
de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el
vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen
en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros
mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se
afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os
afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni
hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así
como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa
en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de
poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué
beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas
cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas
cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana,
porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.
Cuando Jesús dijo:
“Mirad que no os turbéis.”
Cristo no estaba diciendo:
• “No habrá problemas.”
• “No habrá sufrimiento.”
• “Todo será fácil.”
Él estaba diciendo:
“No permitáis que el miedo gobierne vuestro corazón.”
El creyente debe vivir con discernimiento, no con pánico.
Hay una gran diferencia entre: estar atentos espiritualmente, y vivir
consumidos por ansiedad profética.
3 Muchos viven obsesionados:
• buscando fechas,
• interpretando cada noticia,
• viviendo en temor constante.
Pero Jesús también dijo:
“Pero del día y la hora nadie sabe…”
Si nadie sabe el día ni la hora, entonces nuestra prioridad no es especular,
sino permanecer fieles.
La iglesia no fue llamada a vivir aterrada, sino preparada.
III. EL AFÁN Y SUS EFECTOS
En Mateo 6, Jesús toca otro problema del corazón humano: el afán.
Él dijo:
“No os afanéis por vuestra vida…”
El afán es una ansiedad constante por el futuro:
• ¿Qué comeremos?
• ¿Qué vestiremos?
• ¿Qué pasará mañana?
• ¿Cómo sobreviviremos?
Jesús enseña que la preocupación no puede añadir ni un solo día a nuestra
vida.
El afán consume:
• la paz,
• la fe,
• el gozo,
• la confianza en Dios.
Vivimos en una generación agotada mentalmente porque intenta cargar un
mañana que todavía no ha llegado.
4 Pero Jesús dirige nuestra mirada hacia la creación:
• las aves del cielo,
• los lirios del campo.
Si Dios cuida de ellos, ¿cuánto más cuidará de sus hijos?
IV. BUSCAD PRIMERO EL REINO DE DIOS
Jesús da la clave central del pasaje:
“Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.”
El problema muchas veces es el orden de nuestras prioridades.
Queremos:
• seguridad sin Dios,
• paz sin oración,
• estabilidad sin dependencia espiritual.
Pero Cristo enseña:
Primero el Reino.
Primero Dios.
Primero su voluntad.
Cuando el Reino ocupa el centro del corazón:
• el miedo pierde fuerza,
• el afán disminuye,
• y la confianza crece.
Esto no significa que nunca habrá dificultades.
Significa que aun en medio de ellas, Dios sostiene a los suyos.
Nunca leí un versículo en la biblia en la que diga que el creyente tendrá
siempre una vida de rosas.
V. VIVIR CON FE EN MEDIO DEL CAOS
La fe cristiana no consiste en negar la realidad. Porque:
5 Sí hay guerras.
Sí hay dolor.
Sí hay incertidumbre.
Pero el creyente sabe algo que el mundo no entiende:
Dios sigue sentado en su trono.
Nada toma a Dios por sorpresa.
Mientras muchos viven dominados por noticias alarmantes, el creyente
recuerda las palabras de Cristo:
“No se turbe vuestro corazón…”
El mundo puede vivir desesperado.
La iglesia debe vivir confiada.
No porque ignore el sufrimiento, sino porque conoce al Padre.
IV. LA PATERNIDAD DE DIOS
Hemos leído en este pasaje como Jesús termina mostrando el corazón de
nuestro Padre celestial.
Si un padre terrenal, imperfecto y limitado, cuida de sus hijos, cuánto más
Dios cuidará de aquellos que le pertenecen.
Por eso hoy el Señor nos llama a:
• no vivir turbados,
• no vivir afanados,
• no vivir esclavizados por el temor.
Pero Sí, que observemos los tiempos.
y que tengamos discernimiento espiritual.
CONCLUSIÓN
6 Nuestra esperanza no debe de estar en las circunstancias, sino en Cristo.
La ansiedad dice:
“¿Qué pasará mañana?”
La fe responde:
“Mi Padre sigue teniendo control.”
Y como expresa la conocida “Oración de la Serenidad”, atribuida al teólogo
Reinhold Niebuhr:
“Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia.”
Porque el creyente no vive dominado por el temor, sino sostenido por la
confianza en Dios.
Por eso hoy podemos descansar en esta verdad:
“Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
os serán añadidas.”
Amén.
Comentarios
Publicar un comentario