Carta a Dios: Confianza y Fe en Tiempos de Incertidumbre
Carta a Dios sobre la confianza en tiempos de incertidumbre
Reflexión basada en Mateo 24:6-8 y Mateo 6:25-34 y otros pasajes de la biblia.
En Mateo 24:6-8, Jesús dice que habrá guerras, hambres y terremotos, pero que esas señales no significan que el fin haya llegado. En Mateo 6:25-34, enseña a confiar en Dios y a no preocuparnos demasiado por nuestras necesidades, porque Él cuida de nosotros.
Es de estos pasajes que surge la siguiente carta:
En Málaga, a 14 de junio de 2026
Amado Padre celestial, en primer lugar, quiero darte las gracias por el don de la vida, por el pan de cada día y porque eres el alfa y la omega de mi existencia, el principio y el fin de todo cuanto soy.
Señor, al meditar detenidamente sobre estos versos aprendí que:
- El creyente no debe vivir ignorando la realidad, que le rodea, pero tampoco vivir esclavizado por el yugo del miedo.
- Que si observamos las páginas de la historia, veremos con claridad que siempre hubo guerras, hambrunas, pestes y tragedias. Nada de esto es nuevo bajo el sol. Como nos recuerda Lucas 21:28 “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca”.
- Que con la caída de Adán y Eva en el huerto del Edén, la creación entera quedó afectada por las consecuencias del pecado: el dolor, la muerte y el sufrimiento entraron en nuestra realidad.
Y que, a pesar de este panorama, como bien dijo tu Hijo amado “todo esto sería principio de dolores.”
Comprendo que vivimos en un mundo caído, que gime por su redención, pero esto no implica bajo ninguna circunstancia que mi porción sea vivir aterrado o paralizado por la incertidumbre. Hoy más que nunca, entiendo que tenemos la responsabilidad espiritual de vigilar con celo el estado interno de nuestro propio corazón.
Que cuando Jesús dijo “Mirad que no os turbéis.”, sé que no nos estaba garantizando una vida de comodidad, libre de problemas, exenta de sufrimiento o donde todo sería un camino fácil. Al contrario, lo que Él estaba imprimiendo en nuestras almas era un mandato de resistencia espiritual: “No dejéis que el miedo gobierne vuestro corazón, no le deis las llaves de vuestra mente al pánico.”
Tu Palabra en 2ª Timoteo 1:7 dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
Que el creyente no debe vivir con pánico, ni vivir con ansiedad profética
Hay una gran diferencia entre: estar atentos espiritualmente, y vivir consumidos por ansiedad profética. No fuimos llamados a pasar los días buscando fechas ocultas, ni a vivir pegados obsesivamente a las pantallas de noticias con el corazón latiendo a mil por hora, ni a permanecer en un estado de temor continuo que ahoga nuestro testimonio ante los incrédulos.
Que Jesús también dijo: “Pero del día y la hora nadie sabe…” puesto que nadie sabe el día ni la hora, entonces nuestra preferencia no es especular, sino permanecer fieles. La iglesia no fue llamada a vivir aterrada, sino preparada.
Hay que esperar en ti Señor, como dice tu Palabra: 2 Pedro 3:9 (Reina-Valera 1960): "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."
Que también en Mateo 6, Jesús toca otro problema del corazón humano: el afán. Él dijo: “No os afanéis por vuestra vida…”
El afán es una ansiedad continua por el futuro:
• ¿Qué comeremos?
• ¿Qué vestiremos?
• ¿Qué pasará mañana?
• ¿Cómo
saldremos adelante?
Tu Hijo nos enseña que la preocupación no puede añadir ni un solo día a nuestra vida.
Y el afán consume: la paz, la fe, el gozo, y la confianza en Ti. Por eso, tu siervo Pedro exhorta en 1ª de Pedro 5:7 “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.”
Pero Jesús dirige nuestra mirada hacia la creación:
• las aves del cielo,
• los lirios del campo.
Si Tu cuida de ellos, ¿cuánto más cuidará de nosotros, tus hijos?
Tu Hijo nos da la clave central del pasaje:
“Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”
El problema muchas veces es el orden de nuestras preferencias.
Queremos: seguridad sin Ti, paz sin oración, y estabilidad sin dependencia espiritual.
Pero Cristo nos enseña:
Primero el Reino.
Primero Dios.
Primero su voluntad.
Que cuando el Reino ocupa el centro del corazón:
• el miedo pierde fuerza,
• el afán disminuye,
• la confianza crece.
Esto no significa que nunca tendremos dificultades. Significa que aun en medio de ellas, Dios sostiene a los suyos.
Nunca leí un versículo en la biblia en la que diga que el creyente tendrá siempre una vida de rosas. Al contrario, Jesús mismo nos advirtió en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.
Que la fe cristiana no consiste en negar la realidad. Porque:
Sí hay guerras.
Sí hay dolor.
Sí hay dudas.
Pero el creyente sabe algo que el mundo no entiende: Dios sigue sentado en su trono. Nada toma a Dios por sorpresa. Como dice el Salmo46:1 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”.
Que el creyente no olvide las palabras de Cristo: “No se turbe vuestro corazón…”
El mundo puede vivir desesperado. La iglesia debe vivir confiada. No porque ignore el sufrimiento, sino porque conoce al Padre.
Isaías 26:3 es una promesa viva para nosotros “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.
Hemos visto como Jesús termina mostrando el corazón de nuestro Padre celestial.
Si un padre terrenal, cuida de sus hijos, cuánto más Dios cuidará de nosotros.
Por eso hoy Tu nos llama a:
• no vivir turbados,
• no vivir afanados,
• no vivir esclavizados por el temor.
Pero Sí, que observemos los tiempos.
y que tengamos discernimiento
espiritual.
CONCLUSIÓN
Nuestra esperanza no debe de estar en las situaciones sino en Cristo.
La ansiedad dice:
“¿Qué pasará mañana?”
La fe responde:
“Mi Padre sigue teniendo control.”
“Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia.”
Porque el creyente no vive dominado por el temor, sino sostenido por la confianza en Ti.
Cristo nos dice hoy: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.
La ansiedad no define tu fe, ni significa que Dios te ha abandonado. Los más grandes hombres y mujeres de la Biblia también la conocieron. Lo que cambia todo es a quién le entregas esa carga.
Para ello, tu Palabra nos regala la guía perfecta en Filipenses 4:6 “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”.
"Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones." — Fil 4:7
Amén.

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