La Valentía de la Fe: Lecciones de la Mujer del Flujo de Sangre

  la valentía de tocar su              manto

     REFLEXIÓN BÍBLICA

      MARCOS 5- LUCAS 8 

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Reflexión

¿Tendrías la valentía de abrirte paso entre la multitud, arriesgarlo todo, y tocar aunque sea el borde del manto de Cristo? La respuesta honesta es que nadie lo sabe hasta que llega el momento. Pero esta mujer sí lo supo. Y su historia sigue hablándonos hoy.

Doce años de silencio y sufrimiento

Había en Judea una mujer cuya historia no comenzó con un acto de fe heroica, sino con años de desgaste silencioso. Doce años llevaba padeciendo una hemorragia que no tenía cura. Doce años visitando médicos, gastando todo lo que tenía, y viendo cómo su situación no mejoraba, sino que empeoraba.

Y una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor...

Marcos 5:25–26

Pero el sufrimiento físico no era su única carga. Según la ley de Moisés, una mujer con flujo de sangre era considerada impura. Cualquier persona que la tocara quedaba también impura. Eso significaba años de aislamiento, de rechazo social, de no poder ir al templo, de no poder abrazar a los suyos. Era una existencia en los márgenes.

Todo el tiempo que le dure su flujo será impura... cualquiera que toque su cama deberá lavar sus vestidos y bañarse con agua, y quedará impuro hasta el anochecer.

Levítico 15:25–27

El que no se agarra a un clavo ardiendo

Hay un dicho popular que dice: "quien no se agarra a un clavo ardiendo cuando está en una situación desesperada". Es una imagen brutal pero certera: cuando todo falla, el ser humano se aferra a lo último que queda, aunque queme. Eso fue exactamente lo que hizo esta mujer.

Había oído hablar de Jesús. No lo había visto. No tenía garantías. Pero tomó una decisión: si lograba tocar tan siquiera el borde de su manto, sería sana. No pidió audiencia. No esperó el momento perfecto. En su desesperación encontró una fe que quizás en tiempos cómodos nunca habría descubierto.

Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.

Marcos 5:28

Una valentía que pocos comprenden

Lo que esta mujer hizo no fue solo un acto de fe. Fue un acto de valentía extraordinaria. Para acercarse a Jesús tuvo que meterse en medio de una multitud que la empujaba. Y ella, según la ley, no podía tocar a nadie. Cada persona que rozara en ese camino quedaría ritualmente impura.

Si alguien la hubiera reconocido, si alguien hubiera sabido quién era, la consecuencia podría haber sido terrible. Las leyes de pureza se hacían cumplir. El rechazo social en aquella sociedad podía ser devastador. Y sin embargo, ella avanzó.

Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.

Deuteronomio 31:6

La valentía verdadera no es la ausencia de miedo. Es actuar a pesar de él. Esta mujer probablemente tenía el corazón desbocado mientras se abría paso entre la gente. Y aun así, llegó.

El momento en que Él lo sintió

Lo que sucede a continuación es uno de los detalles más conmovedores de los Evangelios. Jesús iba rodeado por una multitud que lo apretujaba por todos lados. Y en medio de ese caos, sintió que alguien lo había tocado de verdad.

Pero Jesús, notando en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

Marcos 5:30

Sus discípulos le respondieron casi con incredulidad: "¿ves que la multitud te aprieta, y preguntas quién te ha tocado?" Pero Él sabía la diferencia. Había miles de manos que rozaban su cuerpo por curiosidad, por el empuje del gentío. Y hubo una mano que lo tocó con fe, con desesperación, con todo.

Dios siempre distingue ese tipo de toque.

La dignidad devuelta

La mujer, temblando, sabiendo lo que había hecho, cayó delante de Él y confesó toda la verdad. Esperaba quizás una reprimenda. En cambio, recibió algo que ningún médico le había dado en doce años: su nombre, su dignidad y su historia restituidos.

Él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

Marcos 5:34

La llamó "hija". No la reprendió por haberle tocado siendo impura. No la expuso a la vergüenza. La sanó, sí, pero además la reintegró públicamente: ante todos, esta mujer pasó de ser invisible e impura a ser reconocida y amada.

¿Acaso se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque ella se olvidara, yo nunca me olvidaré de ti.

Isaías 49:15

Si yo estuviese en una situación delicada... ¿tendría la valentía de esta mujer?

Quizás la respuesta no importa tanto como el hecho de hacerse la pregunta. Porque quien se pregunta esto ya está buscando. Y el que busca, según la misma promesa, siempre encuentra.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Mateo 7:7–8
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Reflexión bíblica · Marcos 5:25–34 · Lucas 8:43–48

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