Buscando un Culpable: ¿Por qué ponemos excusas? | Reflexión sobre la Responsabilidad

 BUSCANDO UN CULPABLE: El arte de no tener nunca la culpa


​A veces parece que el deporte nacional de la humanidad no es el fútbol ni el atletismo, sino el lanzamiento de excusas. En ciertas ocasiones por no decir en casi todas, desplegamos un arsenal de justificaciones con tal de no reconocer que hemos fallado o, simplemente, que no queremos hacer algo.
​La memoria suele traernos ese dicho irónico que resume nuestra actitud: "Todos fallan menos yo". Pero, ¿de dónde viene esta inclinación tan arraigada de buscar un culpable externo o una limitación personal para evadir nuestra responsabilidad?
​La herencia de la evasión
​Este comportamiento no es nuevo; es, literalmente, tan antiguo como el mundo. Si miramos hacia atrás, encontramos que incluso los grandes referentes de la historia bíblica cayeron en la misma trampa de la autodefensa.
​1. El primer "balón fuera": Adán
​Cuando Adán fue confrontado por su error, en lugar de asumir su decisión, decidió señalar a quien tenía al lado (e incluso indirectamente a quien lo creó).
​"Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí."  Génesis 3:12
​Aquí vemos la excusa clásica: "Yo no fui, fue el entorno que me pusiste".
​2. La falsa modestia: Moisés
​A veces la excusa no es culpar a otro, sino culpar a nuestras propias capacidades para no actuar. Moisés, ante el llamado de la zarza ardiente, intentó zafarse de su misión usando sus limitaciones como escudo.
​"Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua."  Éxodo 4:10
Un espejo frente a nosotros
​Al igual que ellos, si somos sinceros, tenemos la certeza de que habríamos hecho lo mismo. Es un impulso natural buscar un "culpable" externo o una incapacidad personal para protegernos del peso de la responsabilidad.
​Sin embargo, hay una gran liberación en soltar la excusa. Reconocer el fallo no nos hace más débiles, nos hace más humanos y, sobre todo, nos permite crecer. Mientras la culpa sea de otro (o de las circunstancias), no tenemos el poder de cambiar nada. Solo cuando la responsabilidad es nuestra, recuperamos las riendas de nuestra vida.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA MUERTE DURANTE EL REINO MILENIAL

EL CREYENTE NO SE JUBILA

La Maqueta y el Amigo Ateo