Haciendo oídos sordos

 Haciendo oídos sordos


​En alguna que otra ocasión, cuando hemos huido (eludido) de algo que estábamos obligados a hacer, al final se ha torcido la cosa. Esto me evoca a Jonás, a quien Dios mandó a Nínive, pero hizo oídos sordos. Ya sabemos lo que ocurrió en el mar: estuvo tres días en el vientre de un gran pez, hasta que al final rectificó y fue a cumplir con su misión.
​Hay momentos u ocasiones en los que Dios claramente nos indica el camino, pero nosotros elegimos ponernos la venda en los ojos. Huir parece la salida más fácil, pero, como bien aprendió Jonás, el mar de la vida tiene sus propias formas de reclamar nuestra presencia.
​Ni que decir tiene que no hace falta vivir en tiempos bíblicos para sentir que estamos huyendo de nuestra propia "Nínive". Estamos haciendo oídos sordos cuando postergamos esa conversación difícil que sabemos que es necesaria para sanar una relación. Ignoramos nuestra vocación por miedo al fracaso, eligiendo un camino cómodo pero vacío. Evadimos una responsabilidad laboral o personal pensando que el tiempo la borrará, solo para ver cómo la "tormenta" crece a nuestro alrededor.
​Cuando Jonás estuvo en el vientre del gran pez, el silencio se volvió tan profundo que no le quedó más remedio que escucharse a sí mismo. Al final, cumplir con la misión no es solo un deber hacia los demás, sino el único camino para encontrar la paz propia.
​Hay que reflexionar sobre esas huidas que nos llevan directo al "vientre del pez", esos momentos de crisis donde la vida nos obliga a detenernos, escucharnos y rectificar. No olvidemos que pagar el precio de la evasión es más costoso que enfrentar la misión; es de sabios volver a empezar cuando nos hemos equivocado de rumbo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

LA MUERTE DURANTE EL REINO MILENIAL

EL CREYENTE NO SE JUBILA

La Maqueta y el Amigo Ateo