CON LO POCO, DIOS HACE MILAGROS

 

CON  LO POCO, DIOS HACE MILAGROS


Siempre me llamó mucho la atención la historia de Elías y la viuda de Sarepta (1 Reyes 17). Siempre me atrapó este relato, no solo por el milagro, sino en mayor medida por la fe y la obediencia por parte de la viuda, ya que ella y su hijo no estaban atravesando precisamente por un momento muy agradable en sus vidas.

La viuda estaba recogiendo leña para preparar la última torta para ella y su hijo y, después, esperar a que les alcanzase la muerte. Sin embargo, cuando Elías le pide que le haga una torta para él, no fue una situación nada sencilla para ella. Anteponer la necesidad del profeta a la suya y a la de su hijo... eso se llama sacrificio. Con este acto se activó el milagro; la Biblia dice:

"La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra." (1 Reyes 17:14)

Lo curioso de esta historia es que el milagro se producía cada día. Cada día estaba la cantidad de harina y de aceite necesaria para esa jornada; es un claro ejemplo de que tenemos necesidad de la gracia de Dios cada día.

Cuando leo este relato, veo el mismo principio espiritual que el del Padre Nuestro cuando decimos: "El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy". Claramente, Cristo nos estaba enseñando que pidiésemos por el pan de cada día, y no que nos diera todo el pan de todo el año. Con la viuda ocurrió igual: no le dio toda la harina y el aceite de golpe; ella tuvo que depositar su fe en Dios cada día, confiando en que Él proveería la harina y el aceite diarios.

Depender cada día de la provisión de Dios nos mantiene cercanos a Él. Con toda seguridad, ella estuvo agradecida con Dios todos los días. No nos olvidemos del maná en el desierto: Dios le enviaba a su pueblo el maná cada día, pero cuando el pueblo guardaba para el día siguiente, este se corrompía.

Cuando pedimos por el pan de cada día, le estamos diciendo: "Señor, confío en que mañana volverás a ser fiel como lo fuiste hoy”

Comentarios

  1. Dios no siempre responde con abundancia inmediata, sino con fidelidad diaria: lo justo, en el momento exacto.
    Con lo poco en nuestras manos, Él sigue obrando milagros cuando aprendemos a confiar cada día.

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