El orgullo y la jactancia perjudican seriamente la salud

 

El orgullo y la jactancia perjudican seriamente la salud


 

En muchas ocasiones pensamos que nuestros logros los alcanzamos por nuestras propias fuerzas, olvidando a Dios. Es cierto que cuando ponemos de nuestra parte, conseguimos logros, pero también es cierto que los alcanzamos por la voluntad de Dios. Todo lo que tenemos es gracias a Su misericordia y a Su bendición.

Cuando leemos el relato de Nabucodonosor vemos como llegó a la locura, acarreada por su orgullo, arrogancia.  Y  cómo él se jactaba de todo lo que había conseguido por si mismo. Nos damos cuenta de que el orgullo y la jactancia perjudican seriamente la salud.

 En el capítulo 4 del libro de Daniel nos cuenta cómo: 

Nabucodonosor sueña con un gran árbol que es talado por mandato de un ángel, es derribado permaneciendo solo el tocón y las raíces. Este sueño también le muestra que llegaría a estar loco y quedando despojado de su humanidad para vivir como un animal durante siete tiempos, todo cambiaría cuando admitiese que "el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y a quien quiere lo da".

Un año después, el rey estando en la terraza de su palacio comienza a decir: "¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?".

Una voz del cielo anunció que su reino le sería quitado y que viviría con los animales, fue expulsado de entre los hombres, perdió la razón, y vivió como una bestia hasta que se cumplió los siete tiempos, recobró la razón y admite el poder de Dios, volviendo a ser restaurado a su trono.

Hay que ser humildes y reconocer la soberanía de Dios y evitar lo que  llevó a Nabucodonosor a la locura (arrogancia al atribuirse la grandeza de su reino gracias a su propia fuerza y poder), olvidando a Dios.

 Reconozcamos a nuestra autoridad divina.

Comentarios

  1. El orgullo nos hace creer que somos el centro… hasta que la vida nos demuestra lo contrario.

    Lo peligroso no es tener éxito, es olvidarse de quién lo permitió.

    Dios no comparte Su gloria… y tarde o temprano, todo corazón orgulloso es confrontado.

    La diferencia es clara:
    la humildad nos acerca a Dios… el orgullo nos derriba.

    La pregunta es seria: ¿estamos reconociendo a Dios en todo… o nos estamos atribuyendo lo que no es nuestro?

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