El AGUA QUE SACIA LA SED

 EL AGUA QUE SACIA LA SED 

Una reflexión cotidiana sobre una necesidad espiritual



 Paseando por los diferentes pasillos del supermercado cercano a casa,  para hacer la compra del día, paso por el lugar del agua embotellada, y me doy cuenta de las muchas marcas diferentes existentes.

Filas y filas de botellas: grandes, pequeñas, con gas, sin gas, de diferentes precios y procedencias.

 todas ellas sacian la sed, sí, pero momentáneamente. La tomemos como la tomemos, ya la tomemos fresca o a temperatura ambiente, tarde o temprano volveremos a tener sed.

Y pensando en esto, me doy cuenta de que muchas cosas en la vida funcionan de la misma manera.
Nos prometen satisfacción, bienestar o felicidad, pero esa sensación suele ser temporal. Al poco tiempo volvemos a sentir ese vacío interior.

La fuente que sí sacia para siempre.

Afortunadamente tenemos a Cristo que es nuestra fuente de  agua que sacia definitivamente la sed y al mejor precio del mercado, 0 euros.
 
“Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.
(Juan 4:14)

En un mundo lleno de ofertas pasajeras, Cristo sigue siendo la única fuente capaz de saciar la sed más profunda del corazón humano.

Comentarios

  1. A veces buscamos saciar nuestra vida con muchas cosas, pero la sensación de vacío siempre vuelve. Solo Cristo puede llenar realmente el corazón, porque Él no ofrece algo momentáneo, sino vida eterna.

    La pregunta es sencilla, pero profunda: ¿dónde estamos intentando calmar nuestra sed cada día?

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